Colonialismo 2.0


Es un arma poderosa el dinero, mucho más que el rifle. Y sobre todo mucho más eficaz, ya que promueve la libertad y en lugar del saqueo promete la opulencia. Además es adictivo: el más poderoso entre los instrumentos de dominación.

En las últimas décadas los países ricos han repartido dinero con gran generosidad a los llamados países en desarrollo, hoy en dia denominados economías emergentes, impulsados por buenas intenciones (asi se dice) que tal vez ocultan una muy mala conciencia. La historia económica nos muestra cómo las grandes transferencias de capital del centro a la periferia sean casi siempre causa de desequilibrios financieros graves en los países “beneficiarios”. Hay sospechas de que esta historia se ha convertido en una práctica cínica, la nueva edición de una forma de dominación de los países ricos a los pobres, diferente de la de los antiguos imperios coloniales, pero lo mismo o peor de invasiva. La misma versión, pero mejorada.

El colonialismo 2.0.

La sospecha me vino ayer leyendo a las últimas notas de investigación del Instituto de Finanzas Internacionales, titulado “Los flujos de capital a economías de mercados emergentes”(Capital flows to Emerging Market economies ndt) que en treinta páginas fotografa a la tendencia de los flujos financieros entre 1982 y 2012 (con una previsión 2013-14) del mercado de capitales (a decir, de los países ricos) a las economías emergentes.

La conclusión es que, para los próximos dos años se espera un aumento de capitales en entrada en estos países, gracias a unas condiciones macroeconómicas que actúan como acelerador: desde la política monetaria extremadamente expansiva llevada a cabo por la Fed y el BoJ (EE.UU. y Japón) hasta un mayor apetito por el riesgo. Pero hay que tener cuidado, dice el Instituto: revertir estas políticas expansivas podría generar en estos países una ola de salidas tan poderoso, que podria sin duda alguna desestabilizarlos.

Más interesante es todavia entrar en los detalles. La primera oleada de préstamos a los países emergentes se registra durante los años 90. Fueron abiertos los grifos por Japón, cuyos bancos, rellenados de activos, empezaron a otorgar créditos a los países vecinos. Luego, en 1993 comenzaron los estadounidenses también. En septiembre ’92 la Fed bajó las tasas de interés a 3% y los mantuvo en ese nivel durante un año. Entre 1990 y 1994, los préstamos a los países emergentes aumentaron desde menos de $ 200 mil millones hasta casi un total de 800, casi cuatro veces.

En abril del ’94, la Reserva Federal comenzó a elevar las tasas hasta llegar al 6% en junio ’95. Los préstamos extranjeros se fueron abajo hasta poco por encima de los 400 billones de dólares, y fue el estallido de la crisis de México, que se extendió como una plaga en la mitad de los paises de América Latina. En Japón, los bancos entraron en crisis y comenzó una fuerte deflación. Los fondos fueron llamados de vuelta. Desde 1997 en adelante estalla la crisis de los tigres asiáticos, con “default” a cadena que llegaron hasta Rusia. Todas estas crisis necesitaron la intervención del FMI.

El deleveraging extranjero dura hasta 2002, cuando el nivel de préstamos vuelve al nivel de 1982, unos 400 millones de dólares. Luego, otro boom. En cinco años, en 2007, los préstamos alcanzaron un máximo histórico llegando a casi 1.300 billones de dólares. Son los años de la invención del BRIC (ya hemos hablado de esto en un post anterior). En el porcentaje del PIB de estos países, la proporción de préstamos alcanza el 8%.

Luego vino la crisis subprime. Y volvieron las salidas. El stock de préstamos se redujo a la mitad en un año, tanto en términos absolutos (se llega a alrededor de $ 700 mil millones) cuanto en relación con el PIB (4%). La crisis reinicia los grifos del crédito. Los bancos centrales bajan los tipos de interés a cerca de cero en los EE.UU. y Japón, y el milagro se repite.

En 2010, el “stock “ de préstamos vuelve a subir a 1,1 billones de dólares, alrededor del 7% del PIB y se mantiene más o menos estable entre 2011 y 2012, mientras que se prevé que aumente hasta 1.150 millones de dólares en 2014 (un 10% menos que en 2007) .

El Instituto de las finanzas internacionales no puede dejar de notar la enseñanza de la historia y de hecho, en su informe escribió muy claramente que si la Reserva Federal tuviera que volver a políticas restrictivas podrían desencadenarse mecanismos de devolución de estas deudas “exportadas” con consecuencias desastrosas para los países que hasta ahora se han beneficiado de ella. Al igual que ya ha ocurrido. La única diferencia entre ayer y hoy es que, en 2002, se añadió China al grupo de los países que exportan capital (es decir, los EE.UU., Japón, la UE y los países productores de petróleo) y con esto se suma otro actor potencialmente desestabilizador para el marco general . Otra cinta de posibles crisis.

Ahora se podría decir, ¿qué hay de malo si los países ricos prestan y invierten en los países pobres? Una respuesta se puede leer en la curva de tipos de interés de los bonos del gobierno. En las economías maduras, las tasas han caído de un promedio de alrededor del 3% en 2008 a casi cero. En los países emergentes de aproximadamente 8% a un promedio de 6%. Así que hay por lo menos un margen de seis puntos entre una inversión en bonos estadounidenses o japoneses, y el equivalente de una economía emergente, que por esa misma razon atrae capital, especialmente en un período en el que se templa la aversión al riesgo, mientras que reconfigura su fisonomía económica sobre la base de los flujos de efectivo que recibe. Un país se acostumbra a vivir por encima de sus posibilidades. Se acostumbra al dinero, se convierte en adicto y por lo tanto, se vuelve frágil desde el punto de vista financiero. Esto pasa, mientras que las economías maduras imprimen moneda en cantidad, tomando ventaja de su estatus geopolítico, o acumulan enormes reservas en sus bancos centrales o fondos soberanos. Una cantidad de dinero que se puede convertir fácilmente en un arma de destrucción masiva.

No es casualidad que Brasil, hace algún tiempo, ha puesto un impuesto sobre las compras de bonos en el exterior y habrio un debate con los estadounidenses acusandolos de manipular el intercambio con fines especulativos. “Carry Trade” (Comercio de Divisas), es el nombre de esta actividad que representa una gran fuente de ingresos para los que especulan sobre las tarifas. El hecho de que las ganancias se hagan a costa de los presupuestos públicos de los países emergentes (que tendrán que pagar intereses carisimos para estos préstamos) es una bonita contraindicación. Así como el hecho de que la inversión directa genere constantes perdidas en la balanza de pagos de los países receptores.

Hay suficiente para sospechar que la generosidad de los países ricos sea una forma de neo-colonialismo? En la duda, observamos que ahora se va prefigurando una clara división de las esferas de influencia a nivel global en función de quienes sean los prestamistas y los prestatarios, como fue a finales del siglo XIX en el mercado de bonos. El estudio, por ejemplo, cita el caso de la forma en que los países exportadores de petróleo se concentran en la economía de África y algunos países de Oriente Medio. Y que los desequilibrios proximos , si es que vendran, amenazan a los deudores mucho más que a los acreedores. A menos que entre en crisis el modelo financiero global.

En aquel momento el colonialismo 2.0 podria reservar sorpresas.

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