El diluvio que les ahoga a las economías emergentes (y a nosotros mismos)


Finalmente, los últimos serán los primeros, en ser aplastados. Cuándo se acabara la “bonanza económica”, como lo llama el vicegobernador del Banco Central mexicano, Manuel Sánchez, los países emergentes pagarán un precio muy alto por las políticas acomodaticias puestas en obra por otros bancos centrales, los de las economías ricas, para apoyar a sus países.

Sánchez habló en Buenos Aires el 23 de mayo pasado en el Cemla, centro de estudios de América Latina. Y habló fuerte de una consolidada experiencia en el tema, como México sufrió una crisis devastadora en los 90 años exactamente en coincidencia de la retirada de los capitales estadounidenses, vueltos en patria por causa del aumento de las tasas de la Fed.

Desde entonces el mundo ha cambiado, pero solo hasta cierto punto. Lo que ha permanecido igual es que al abrirse los grifos de los bancos centrales “acomodados” corresponde un aumento de los flujos de capitales hacia los países emergentes, lo que hace que se disparen los valores de todos los activos, el valor de los bonos del gobierno y, de hecho, les hace frágiles, desde el punto de vista financiero, a estas economías, que viven en su piel una especie de revival de los regímenes coloniales .

En comparación con el pasado sólo hay una diferencia: aprendieron a defenderse un poco mejor, acumulando reservas y maniobrando un poco mejor a su política monetaria. Pero se trata de algo menor. Cuando los bancos centrales dejaran de bombear oxígeno al sistema financiero, los países emergentes tendrán que vérsela con el fin de la bonanza. Y entonces…

Pasa que el Sr. Sánchez tiene toda la razon por preocuparse. Sin embargo, los datos atestiguan que la amable ofrenda de capital extranjero a las economías emergentes esta’ subiendo una vez más, después de la borrachera de la última década.

En particular el boletín de marzo del Banco Central mexicano muestra que las entradas a los emergentes, que se habian reducido después de 2008, están una vez mas, experimentando un momento de crecimiento exuberante. En 2012 han superado 100 billones de dólares y en el primer trimestre de 2013 ya están a una altitud de 50 billones, más allá de la cumbre histórica.
Esta inundación de liquidez, que hizo que creciera notablemente la tolerancia al riesgo, acaba en su mayor parte en inversiones de cartera y activos financieros,que son mucho más simples para retirar con respecto a la inversión directa. “Estas inversiones de cartera, dice Sánchez – pueden comprar activos en las economías emergentes, las acciones y las deudas de los bancos y corporativas”. En la práctica, terminan aumentando el nivel general de endeudamiento del país con el que colaboran , creando a una sensación de mayor extensión de la riqueza, solo porque hay más dinero en el entorno “sin tener nada a que ver con los fundamentos economicos”, advierte Sánchez.

Una película que hemos visto tantas veces, incluso en nuestro pais. Cuando en 2011 los capitales extranjeros huyeron de nuestra deuda nacional hemos experimentado una devastadora crisis financiera, seguida de una crisis política.

En el caso de los países emergentes, estos desequilibrios son particularmente agravados por su condición como economías “estructuralmente fragiles”. “En principio -dice Sánchez- el affluso de capitales puede verse como positivo”. Pero los problemas no tardan en salir a luz. “El primer problema puede surgir de la acumulación de desequilibrios financieros por familias, empresas y gobiernos, en forma de deuda insostenible. Esto puede acompañarse a burbujas economicas en el precio de los activos “.

Luego están los efectos sobre la tasa de cambio, que tiende a apreciarse, sobre los bonos soberanos y los precios inmobiliarios. En resumen, la liquidez eleva el nivel general de la deuda y plantea preguntas sobre el nivel general del precio de los activos, así como empeora la contabilidad pública.

Esto también lo vimos en nuestro pais, en el sur de Europa, en los años “buenos” del euro y con bajos niveles de “spread”. Justo para constatar que nosotros mismos somos ahora un país emergente.

“La segunda causa de preocupación – detecta Sanchez – es que la experiencia internacional confirma que los aumentos en flujos de capital invariablemente se acabaron en paradas abruptas y revocaciones”. Así que la pregunta no es tanto si esto puede pasar – lo que esta garantizado – sino cuando ocurrira. “Los deudores pueden sufrir daños considerables”, recuerda Sánchez.

También eso ya lo sabíamos, por haberlo sufrido en nuestra piel.

¿Cómo defenderse? Hay poco que hacer. Los países emergentes sólo pueden desalentar a los flujos de capital (en un mundo donde han sido liberalizados por todas partes) o explícitamente adoptar controles de capital para incluir restricciones sobre las inversiones de cartera. Los bancos centrales pueden acumular reservas internacionales para vender en el mercado abierto con el propósito de enfriar el cambio de divisas, y políticas fiscales para contener el gasto público. En Resumen: preparación para la sequía después de la inundación.

Los italianos ni siquiera tenemos a estas posibilidades, ya que no controlamos a la política monetaria; tampoco podemos decidir nada sobre los movimientos de capital.

Somos mucho más frágiles que México.

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